Ciclovías mortales y paraderos inútiles

 


La gestión del actual burgomaestre de la provincia de Arequipa, OMAR J. CANDIA AGUILAR, está que hace agua por todos lados.

En lo que va de su gobierno no se le observa alguna obra rescatable y, con esto, la ciudad, prácticamente, está abandonada y sumida en la anarquía.

Si en algo ha destacado su gestión en el tiempo que está sentado en ese cargo, solo ha sido, la avalancha de denuncias de corrupción que caído sobre este señor por sus “discutidos”manejos en sus anteriores gestiones.

Como es lógico, en esta tierra de nadie, la impunidad es el resultado final para esta clase de políticos quedando libres para seguir maltratando a la población, haciendo burla de ellos, sus propios conciudadanos.

Una de sus últimas perlas ha sido la instalación en distintos puntos de la ciudad de unos extraños  paraderos de un verde “vómito”. Estos alambiques parecen colocados por bromistas, o que son “bloopers” de algún programa de televisión de idiotas. Pero no, son unos publicitados paraderos del que se ha empecinado en colocar hasta en la puerta de tu casa, esta “ladilla” de burgomaestre.

Paraderos sin asientos, estrechos y casi en medio de la pista, denotan que a este remedo de burócrata le llega al píloro el ciudadano viandante arequipeño.

Pero, ahí no queda su torpeza de este impresentable personaje, porque, ahora, seguramente, apresurado en afirmar que la ciudad está provista por una buena cantidad de ciclovías, a comenzado en utilizar las pocas avenidas que cuenta esta ciudad para su ultimo capricho.

Estas escasas avenidas y calles con las que cuenta esta ciudad y que ya venían saturadas de vehículos, ahora esas mismas pistas se han reducido aún más, porque a este alcalde se le ocurrido colocar señales y postes, para delimitar unas improvisadas ciclovías.

A pesar de la oposición de la población, esas ciclovías fueron colocadas, pero, aquí está lo tragicómico, y remata esta torpeza, porque en el transcurso del día, pro esas ciclovías improvisadas no pasa ningún ciclista, porque, dicho sea de paso, hasta el más ciego y extraviado de estos deportistas se daría cuenta que son extremadamente peligrosos para ellos mismos. Y no solo para estos ciclistas, sino también para los peatones.

Es decir, este despreciable funcionario estruja en el rostro de la ciudadanía su inquina que siente contra ellos  y ese cerrilismo que no respeta la dignidad y civismo de la población de esta urbe arequipeña.

Se engaña solo, al intentar “hacer creer” que esta ciudad abandonada por su decidía como alcalde  tiene paraderos y ciclovías comparable a las  más civilizadas urbes de Latinoamérica, pero esta mentira tiene piernas tan cortas comparables al  respeto que le tiene a la ciudadanía arequipeña.   

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